No sirve de nada el que saquemos a pasear la virgencita en un carro especial por las calles de la ciudad con escolta policial y las sirenas sonando a tope si en la próxima esquina vamos a insultarnos con el conductor del auto que demora el tránsito, o a discutir y pelear por defender la fanática primacía de nuestra ideología, o a juzgar y condenar el comportamiento de los otros sólo porque no se ajusta a nuestra conveniente escala de valores, o a alentar en nuestros hijos la competitividad que trae resentimiento y un sentido hondo de separatividad, o a consumir y, luego, defecar por doquier toda la basura mediática que denigra, opacando los maravillosos atributos potenciales que nos asisten como humanidad. No se trata de pedir auxilio a una estatua del tipo y representación que fuere "pasándole la pelota" cuando, en algún nivel de nuestra realidad, "las papas queman", sino de tomar conciencia y hacernos "plenamente responsables" por lo que acontece en nuestra vida, que no es más que la resultante de nuestro pensar/ sentir/ decir/ hacer a cada instante. No somos víctimas de nada ni de nadie más que de nuestras propias creaciones.

Si somos capaces de generar conflictos es que somos igualmente capaces de resolverlos y aprender una convivencia saludable, en principio, con nosotros mismos y, a partir de allí, con el universo entero.





Cuando la actitud de brindarse es clara y está en foco, cuando la disposición es plena y la conciencia nutre la fuerza de la voluntad que abraza desde adentro, no existe montaña suficientemente alta ni océano suficientemente amplio... ni gobierno suficientemente corrupto ni presupuesto suficientemente escaso que impidan al hombre llegar hasta la tierra fértil que es su hermano y sembrar.

(foto tomada de la web)






Abre tus alas porque el momento llegó. En tu vuelo está el mensaje que has de llevar por todo el Universo. No te demores más buscando a los maestros... Tu alma es, ahora, tu único mapa de ruta, tu corazón, el motor que te impulsará y tu alegría de vivir, la luz que encenderá las estrellas a tu paso...



Hubo tiempos remotos en que el humano, inquieto por indagar los misterios que el Universo a cada paso siembra, alzó su mirada oteando los confines. Allí donde su vista se perdía empalmaba, la imaginación retomando el vuelo. El silencio más absoluto de una noche perpetua sostuvo sus solitarias ansias por saber, por comprender, por conocer...



De poco sirve soñar con fantásticas y distantes realidades si, en tanto, se nos pasa desapercibida la magia en lo pequeño, el encantador misterio de lo minúsculo y próximo que nos acerca cada momento.



Para quien se otorga el permiso de levantar la mirada hacia lo alto, la bóveda celeste reserva el privilegio de un espectáculo tan magnífico como inspirador.
El cielo, como la Vida, está siempre a la vista. Sólo lo ve el que lo ve...



En un Universo pródigo que no conoce el desperdicio, sólo se priva de la excelencia de sus manjares quien, aún, no ha aprendido a comer a conciencia.