Llegó a mí tan sorpresiva como inquietantemente. Una oleada fue de aromas nuevos, una bocanada vital; una contundente fuerza inexplicable que, tomándome por los brazos, me sacudiera de tanta modorra, de tanto letargo en el que me hallara sumida; como un aliento fresco que me azotara deliciosamente en la cara y en mi boca y en mis palabras adormecidas y en el alma… Bastó un segundo para volver a la vida y, sin pensarlo, seguí el rastro en el aire, buscando la huella que el decir dibujaba…
“Mi cielo, mi cielo amado,
tan estrellado,
la vida canta y florece
si es a tu lado”.
La luna entrega fortunas
desde su cuna.
La niña la mira mira
como a ninguna.
La brisa, alborotada,
anda deprisa.
(se le sospechan amores
en su sonrisa)
Las fuentes murmuran bajo,
pero elocuentes;
se huele amor en el aire
tan de repente.
“A nadie cuentes, a nadie,
de mis pasiones.
Sabrás guardar en reserva
mis confesiones:
que un niño de dulces ojos,
gentil figura,
me ha robado un suspiro
con su ternura.
Y, ahora que te lo dije,
ya es certidumbre.
Será amor develado
bajo la lumbre”.
Un suspiro,
la Vida.
Una caricia,
la Vida.
La mano que sujeta fuerte,
porque oprime o sostiene,
la Vida.
La furia de los vientos,
la Vida.
La alquimia del beso amado,
la Vida.
El dolor que ahoga,
la tristeza que ensombrece,
el sol de una sonrisa,
la Vida.
La incomprensión del que arrebata,
la Vida.
La gentileza del que derrama,
la Vida.
El encuentro hostil,
el abrazo tierno,
la mirada en silencio,
la Vida.
El acuerdo en el desacuerdo,
la Vida.
La similitud en la diferencia,
la Vida.
La palabra que esclaviza,
el verso que libera,
la melodía que acuna,
la Vida.
Siempre y Nunca,
Nada y Todo,
Alguien y Nadie,
la Vida.
("A ti, que, también,
callas y cantas ...")
Ensúciame con purezas…,
una rosa,
una mariposa,
una nube,
un rayo de sol,
una esmeraldina hoja
de algún bosque mensajera,
un quiebre de ramas
entre la hiedra,
un aroma
a resinas…;
me ensucias ...
con el aliento de vida,
con el soplo del viento,
con la brizna distraída
que, a tu paso,
se desmaya
y se recupera,
sumida
en
el
embrujo
de sus ensueños,
que ha visto
tamaña envergadura,
la de un caballero
valeroso
y sin armadura.
Baila al alba.
Que sea tu blandura
bendición en la alborada.
Baila y hechiza al tiempo,
que se asome a tus ojos
y se hunda
y se pierda
bebiendo en sus aguas claras.
Baila y despierta al hombre,
sedúcelo
y envuélvelo
y cántale
y sopla en él
el nuevo aliento.
Báilale al fuego que te abraza,
a la brisa que te mece,
a la tierra que te amasa.
Baila al alba, Vida.
Sé, Vida.
Baila, Vida.
¡Baila!
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