Aquietar las aguas mentales y emocionales para transparentarlas.
Mirar a través de ellas, hacer contacto con nuestro propósito más genuino, reconocernos en él y dejar que tal certeza reverbere en nuestro ser.

Lo que sigue será el asombro al contemplar cómo el Universo crea la matriz y pone en curso esa realidad para nosotros.




Fantasear realidades es una tendencia espontánea en las personas. Pero hacer de cada circunstancia presente una realidad fantástica es el meritorio privilegio de aquellos que enfocan la Vida con una voluntad y disposición iluminadas por una conciencia clara.

El aroma de cada momento...




En la renovada Ópera prima que es tu camino, en el escenario que montás a diario para tejer la trama de tu historia, también sos el iluminador de cada escena. Ahí donde apuntás el reflector de tu atención, ahí se concetra la acción. Luego, sentado en la platea, lo que ves, ahora como espectador, no es otra cosa más que tu obra maestra.

Sintonizar con el conflicto o con la paz es una elección hecha desde la madurez de haber caminado la vida integrando cada experiencia. Entonces, se percibe la belleza en el afuera porque emana desde dentro, madurada como luz en la conciencia.






Si hay luz, hay colores.
Siguen abiertas mis ventanas de par en par.
Que se inunde esta estancia mía de cielo, de sol, de alondras. Que traigan sus gorjeos el dulce canto de la Vida, incansablemente amanecida sobre el horizonte de mi humanidad.




Ante mis ojos,
la risada melena de un río leonino.
Le eriza la piel la brisa costera
montándole una miríada de mansas crestas
que murmuran un canto sereno,
hipnótico,

embelezante ...




A la vera del río, sobre el filo de la barranca, hay un tronco quemado, la reseña en pie de lo que pudo haber sido, seguramente, un paraíso. En la base, apoyado en tierra, un viejo neumático, alguna vez pintado de blanco, rodea el perímetro de la madera y la contiene. Allí vive una sociedad de abejas. Descubrí ese rincón escondido de la multitud hace ya un tiempo y hoy siento que me lo ofrece el Paraná para que haga de él mi santuario. 
Funcionales y eficientes, operan en comunidad por un objetivo común, el bien más alto de la colmena. Ese, el propósito de sus vidas. Está signado en su genética y son fieles a su diseño. 
Para lograr las fotografías de este álbum, me siento a su lado. Las observo en silencio largo rato. Ocasionalmente, les hablo sirviéndome de la palabra, sólo por aunar a su sinfonía mi zumbido propio, la vibración de mi voz. Con curiosidad sobrevuelan mi cuerpo, se posan en mis brazos, beben mi sudor registrando mi mapa energético, me configuran, me detectan, me aceptan y, finalmente, me integran: "la humana no reviste peligro". Justamente por eso, no hay embestidas de su parte, por la misma razón por la que no arremeten contra los juncos que se bambolean con la brisa costera. Temerles es desconocerlas, es poner por delante preconceptos condicionantes, es ver la Naturaleza como una amenaza, es ignorancia. 
Acá dejo estas imágenes para que crezca entre ustedes la confianza, para que se disipe el miedo infundado, para invitarlos amablemente a trasponer la frontera de alguna limitación personal.

Abrirse para conocer. Conocer para comprender. Comprender para amar.


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Cada circunstancia de vida nos pone en situación de modificar la postura personal. Atendiendo el hecho de que para dar cada paso es imprescindible alterar el equilibrio establecido, inevitablemente habrá un instante sin medida de caos e inestabilidad. Es el momento de los escorzos que han de conducirnos a un nuevo estado, un orden distinto que invita a seguir explorando el camino.