Poner animales tras las rejas sólo por saciar el hambre estúpido de un egoísmo insatisfecho es signo de impotente prepotencia, es abuso, es petulancia, es haberse soltado, como humanidad, de la mano de la Madre Creadora, haber perdido la guía divina, es boyar guachos en la tierra estéril de la inconsciencia...

Afortunadamente, nada es para siempre.



Digo yo que en su tornasol se conjugan todos los colores. Si acaso una diosa fuera, de la Brisa lo sería, sin dudas. He observado en silencio cómo el aire se inquieta cuando bate sus alas, cómo despierta el rumor de las aguas del río a su paso fugaz, cuánto el vecindario florido se alborota si repica su canto entre los dulces estambres que han de entregarle la deseada ambrosía.

También el alma en mí, a su roce, se estremece, inspirándole a esta humana la fugacidad de un verso ante la tibieza de su cercanía.




Anhelar conocer y abrazar el sentido de la TRASCENDENCIA estando inmerso en el confinamiento que imponen los límites más o menos convenientes de un dogma está en el mismo rango de imposibilidad que el de pretender hacerse con la panorámica de 360° llevando puesto un par de anteojeras.




El tiempo que miden los relojes, conocido como tiempo civil, organiza los eventos de la vida cotidiana de muchas personas que viven en sociedades avasalladas por la civilidad.
Pero el tiempo natural, el de los procesos no regidos por la voluntad del hombre, sino por la fuerza intrínseca de su naturaleza, es totalmente ajeno a cualquier manipulación y por eso no se ajusta ni se encuadra en nuestras convenientes agendas y almanaques, absolutamente despojados de la lógica de la Creación.

Tomar conciencia de esto, reconocer y recuperar ese ritmo, sincronizándonos con él, vuelve a ponernos en estado de sintonía con el Orden Mayor del Universo que pulsa en cada una de nuestras células.



Celebro la fiesta íntima de ser con conciencia, así en el gozo como en el dolor y en la confusión, a cada instante, con cada respiración, desplegando la sonrisa, sin necesitar excusas para ofrecer la mano ni atender las barreras que la formalidad de la costumbre impone.

Danzo con alegría nadando contra corriente, sin tiempos marcados por fríos relojes y limitantes calendarios, mientras voy al encuentro del otro y, en cada otro, al encuentro con migo misma, con los brazos abiertos, como se abren las puertas y ventanas de la casa, de par en par, un día cualquiera de sol, sin esperar permisos, sólo porque sí, porque lo siento y nace y brota inconteniblemente, pues… la vida es lo que ahora mismo está ocurriendo y no aguarda...



La Vida se revela en tantos niveles como, ni siquiera, llegamos a imaginarlo. Más allá de nuestra piel, hay infinitos "vecindarios", universos manifestados que cuentan, mayormente sin palabras, el argumento de la Creación desplegándose incesantemente.
Una mirada curiosa y ávida vuela y se posa en aquello que, para la mayoría distraída, queda totalmente relegado a un plano ignorado de la existencia. Así, lo que es fondo para tantos, se pone en el centro de la escena para unos pocos.

Toda historia inicia cuando hacemos foco.



La palabra llega viva cuando el oído interno se abre en disposición a escuchar con el corazón. Por pronunciarse sin preferencias, fluye, la Vida, en la boca del poeta y del místico tanto como pulsa en la de cualquiera, en la de todos, aún escondida en la voz del duro, del superficial, del indiferente, todavía, en la del que arrastra la intolerancia, del que ventila lo trivial, del que aúlla el dolor…

Quien cree hallar sólo a algunas de ellas vivificantes, muertas a las demás en sus propias cunas, está condicionando su escucha, oyendo a medias, plantándose en el umbral de la puerta, sin entrar hasta el núcleo de la casa, donde arde el leño en la hoguera, es olvidar los infinitos perfiles de la Maestría saludando desde cada rincón del camino común, es privarse del eco inconfundible del Alma vibrando, en cada cuerda humana, el Amor.