Parque de España, a unas pocas cuadras del Monumento a la Bandera, junto al Paraná.

Se apaga lento la tarde y, en su fuga, pinta cobrizos matices en un cielo impregnado de renovados azules. Elevándose ante mi mirada, lo distingo: es Saturno haciéndose visible en esta región del cuerpo de la Madre, delimitando un ángulo, respecto del plano del horizonte, que estimo en unos 47° a 50° aproximadamente.
Atónita estoy. Lo observo aparecer entre las dos columnatas que sostienen y enmarcan simbólicamente el portal de este paseo. Por unos segundos, la imagen ante mí me transporta a los escenarios de una Grecia Antigua donde floreciera el pensar en alas de la búsqueda de la Verdad. Tal vez, son vivencias que, vibrando dentro mío, despiertan convocadas desde la memoria colectiva de esta humanidad de superficie. Evoco, desde la imaginación, las infinitas veces que ha alzado su mirada el hombre, tal como, ahora, yo lo estoy haciendo, despojado de toda presunción, escudriñando las alturas, intentando alcanzar, a través del conocimiento del Universo, la comprensión de sí mismo. Qué curioso..., en esencia, nada ha cambiado desde entonces...

Ya se desvanecen los últimos rastros de luz, exquisitos fulgores, bajo el manto nocturno. 
Celebrando el privilegio de la fiesta íntima, en silencio y gratitud, despido este instante irrepetible.




Noche no tan fría como húmeda. 
Alcanzo, después de larga caminata, los estribos ribereños del Paraná. Simbólicamente, subo a bordo de la Nave que el Monumento a la Bandera representa. De pie junto al mástil de proa, alzo la mirada hacia la bóveda nocturna (...profundo suspiro). Claramente, se divisan en lo alto numerosos cúmulos estelares. Identifico, entre ellos, la constelación Cruz del Sur, radiante, puntual. Tres de sus estrellas se destacan y recortan sobre el paño anochecido: en el extremo norte del eje vertical, Gacrux; en su antípoda, señalando el polo sur celeste, al pie de la Cruz, la más brillante, Acrux; a la derecha, sobre el eje horizontal, resplandece Becrux, conocida también con el nombre de Mimosa. La cuarta luz que completa la figura se oculta, aquí y ahora, a mi visión desnuda, tal vez a causa de las encandilantes luces de la Avenida Belgrano. Su nombre, Decrux, de las del grupo, la cuarta en magnitud aparente. Entre Crux y el palo de la embarcación, distingo dos puntos de considerable intensidad lumínica: los identifico como Hadar y Alpha Centauri, segunda y primera estrellas más luminosas de la constelación CENTAURO respectivamente.

Me demoro, me pierdo en la contemplación de un Cosmos majestuoso, inabarcable, incomprensible en su perfección y belleza.
Por un momento, cierro mis ojos, intento retenerlas en mis retinas, grabarlas como una rúbrica indeleble en mi matriz vital. Algún día, ya no seré desde este cuerpo que hoy me sostiene. Este nombre que porto se habrá desvanecido, seguramente, entre las aguas más o menos convulsionadas del mar que es este mundo. Pero mi Alada, quien en verdad se pronuncia sin necesidad de palabras, sin dudas guardará en su Esencia la memoria de este tránsito humano, de este instante fugaz y único al amparo de un río leonino, fluyendo por las venas de un ser de tierra, aire y agua, en un remoto confín del Cuerpo Universal conocido como "Gaia".

Hora 20:20
Cielo calmo y despejado.
Para esta fecha, fin de la observación.




El hábito de sostener hábitos y alimentarlos a lo largo de nuestras vidas nos va marchitando lentamente y hace que perdamos de vista nuestra capacidad de asombro. La costumbre va desluciendo los colores del universo que nos rodea y contiene hasta dejarlo caer en la cuenta del olvido. A medida que declinamos la mirada vamos perdiendo la perspectiva de nuestro hogar y cuerpo sideral, el Cosmos, en tanto nos autoencapsulamos en una realidad tan artificial como ajena a nuestra propia naturaleza.

Tan cercano aún en lo lejano, el Sol, centro y núcleo de nuestro sistema solar, rige no sólo nuestras vidas y la de la Tierra, sino la de una cantidad de otros cuerpos celestes llamados planetas. Próximos en lo distante danzamos, como familia, una existencia que transcurre en un tiempo sin medidas…

(foto tomada por la SDO (Solar Dynamics Observatory de la NASA).




El ser planetario no reconoce cronologías, sólo deviene en sus procesos...

Mientras la mente computaba "lunes 21 de enero de 2019, eclipse", Luna seguía su curso indeclinable, imperturbable, ante la concurrencia aglomerada alentando la expectativa creada entorno al evento, ajena a todo devaneo humano.

Infinitamente más que un show ocasional, que un fenómeno astronómico, perdurable, aún, cuando el entusiasmo de la gente comenzaba a decaer tras un rato de sostenida atención y volvían al rodeo protagónico los dimes y diretes del mundo.

A través del ocular de mi SONY, así la observaba, también yo, sumergida en mis propias sombras...




A veces y por ser tan habituales en nuestras rutinas diarias, son tantas las cosas, las circunstancias, las criaturas que pasan desapercibidas a nuestra mirada... Así, perdemos la oportunidad de saborear la riqueza de una Creación increíblemente asombrosa.

A mí me gusta rescatar lo cotidiano porque es allí donde encuentro la magia.




GNOMO, ÁNGEL de la PLANTA, TINTA de COLOR la SANGRE de la PRADERA, sea, tu PINCELADA VITAL, FLUJO de CARISMA avivando OASIS que perduren, por siempre, en LEYENDA.




Una palabra sustancial y fértil es aquella que, habiéndose macerado en la serena autoobservancia del propio proceso, ha madurado conscientemente en el silencio.




Mientras ejecutamos nuestras rutinas ordinarias, en tanto jugamos nuestras pequeñas grandes historias inmediatas, allí afuera, hay un aspecto de la misma realidad que nos abraza, aún no integrado a nuestra consciencia.

Si saliéramos de nuestros cuerpos por unos instantes, si trascendiéramos la densidad de nuestra mente convencional y, en alas de una visión superior, tomáramos la suficiente distancia como para trasponer los límites de nuestro planeta y, todavía, los de la atmósfera que lo resguarda como un manto, tomando una posición fuera de su órbita, podríamos observar, en este preciso momento, la danza que está teniendo lugar entre los cuerpos celestes.

En el silencio del cosmos, seres de proporciones astronómicas, como los humanos, igualmente vivos y conscientes (a su modo), están interactuando y nosotros, a pesar de nuestra ignorancia al respecto, junto con ellos.
He aquí la justa visión que provee la perspectiva necesaria para discernir nuestro sitio en la macro historia del Universo.

(foto tomada de la web)







No hay problemas. Hay oportunidades de aprendizaje.

No hay callejones sin salida. Hay telones de fondo que parecen muros infranqueables.

Despunta el sol, cada alborada, sobre el horizonte, silencioso e incondicional, aunque no siempre lo veamos.
¿Qué podría estar mal?





La DIFERENCIA entre NOSOTROS debería de SERVIR no para levantar barreras, sino para "ENRIQUECER LA MIRADA DE LA EXPERIENCIA HUMANA".

SOMOS RAYOS DE UN MISMO SOL.




Decir que sí o que no en un acto de complacencia hacia terceros, forzarse a adoptar conductas y actitudes para cuadrar con las expectativas ajenas que se tienen sobre nosotros no es la manera más saludable de establecer y cultivar vínculos. Si montamos todo este aparataje para que nos demuestren interés o afecto, quizá sea probable que estemos necesitando revisar algunas cuestiones.

El surtidor, la fuente que nos provee de todo lo “indispensable” para transitar la experiencia de la vida, siempre, pero SIEMPRE es “interna” y, justamente, por eso suministra lo INDISPENSABLE (lo “no dispensable”), pues es esto imposible de ser obtenido en el afuera.
Si comprendemos y comprobamos en la práctica esta realidad, dejamos naturalmente de buscar en el exterior lo que mora dentro. Cuando nos sometemos, por más sutil que sea el intento, dejamos instantáneamente de ser espontáneos y, en consecuencia, de ser auténticos. Al esmeramos en agradar, nos estamos perdiendo en las borrascas de una tempestad interior que, tarde o temprano, dejará un náufrago arrojado a las orillas de nuestras desoladas playas, y no es necesario que explique quién es esa víctima.

En cualquier caso, alinear el “sentir-pensar-decir-actuar” con nuestra “intención más profunda” será el modo más sabio por amoroso de acompañarnos en el propio proceso.

(foto tomada de la web)




No hay "decepción" cuando no hay "expectativas" y el crearlas y mirar la realidad a través de ellas es elección, por eso, responsabilidad de quien les da vida.Cuando practicamos la ACEPTACIÓN, se trate de "el momento", "la persona", "la circunstancia", tal y como se presentan, sin pretensiones de nuestra parte ni deseo alguno de torcer su rumbo queriendo cambiarlos, entonces, de la experiencia, sea cual fuere, invariablemente deviene el aprendizaje.

(imagen tomada de la web)




Poner expectativas en el camino trae aparejado el desencanto de no ver siempre satisfechas nuestras especulaciones.

Andar la vida desde una actitud "inocente" nos permite experimentar el asombro que inspira cada paso.

(foto tomada de la web)




No te culpes por tropezar. Para quien anda, es inevitable el caer.
Una vez en el suelo, en el ensayar mil modos de ponerse de pie y recuperar el equilibrio está cifrada la riqueza experimental del camino.

(foto tomada de la web)




Cuando algo te fastidie, recordá que cada encuentro, cada circunstancia, cada evento está hecho a la medida del aprendizaje que, "aquí y ahora", necesitás. "El Maestro" puede estar en cada rostro, en los árboles, en el dolor de una pérdida, en la sonrisa de un hijo o en la mirada lastimada de un animal abandonado. VIVIR EN CONSCIENCIA es ver la OPORTUNIDAD en todas partes.

(foto tomada de la web)




INVITATE a una REFLEXIÓN PROFUNDA que te permita poner en perspectiva tu realidad cotidiana respecto del colosal espectáculo que es el contemplar la noche estrellada y, así, ganar cordura, comprendiéndote como célula del infinito cuerpo del SER UNIVERSAL.





Entrenar "la" mirada, explorar perspectivas y encontrar que puedo estar en el presente de mi futuro justo ahora, justo aquí... sólo si así lo decido, artífice del “no tiempo de mi tiempo”.Lo que busco, eso encuentro: trascender la ilusión.

DIAMANTINA DESCENDENCIA de SENSIBLE PERFUME Soy, MELODÍA INOCENTE que la VIVENCIA rezuma expresada en ENERGÍA.

(imagen tomada de la web)




Enfocada como estaba en intentar registrar con mi cámara no sólo lo que mis ojos estaban observando, sino "cómo" lo estaban percibiendo (matices, tonos, sentimientos, sensaciones, emociones...), de pronto, alcé la mirada en busca de un parámetro de referencia en la perspectiva del paisaje y... la vi... Se me perdieron las palabras. El corazón empezó a pulsar con desmesura dentro del pecho y subió ese palpitar hasta mi garganta que sólo atinó a exhalar un... "¡ah… bella!". Olvidé lo que estaba haciendo y, extasiada, salí a su encuentro, caminar ligero que, virando a trote, enseguida se volvió un correr entre la gente a mi alrededor, mujeres y hombres con la vista por lo bajo, rezumando el agobio del trajín del día, farfullando, entre dientes, su renovado desencanto. Se diría que casi volaba, sí. Es que deseaba contemplarla a orillas del río y dejar que su reflejo, reposado en la melena lacia de un terroso Paraná, me acunara una vez más...

Con el aliento agitado, me detuve a orillas de su luz para rendirle mi íntima y silenciosa compañía...




Cuando, como humanidad, comencemos a desmantelar la memoria guerrera del ego ancestral, cuando comprendamos que el único enemigo que nos amenaza vive dentro nuestro, que todo lo que necesita ese niño herido y asustado que somos es entregar su dolor para sanar en el amor, entonces, floreceremos como las plantas, desperezando espontánea y naturalmente el germen de la vida que portamos, a la luz de la Consciencia que irradia como un Sol.

(foto tomada de la web)




No es necesario "enseñarles" a los niños la "aceptación a lo diferente", pues "ya" es una condición completamente espontánea en ellos, por ser tan próximos a su ORIGEN, la FUENTE, AMOR.

Lo que ES NECESARIO ES DEJAR DE INFECTARLOS, ni bien nacen, CON NUESTROS PREJUICIOS Y CONDUCTAS DISFUNCIONALES, INTOLERANTES, por ejemplo, hacia lo diverso.

NO LES CREEMOS una DISTORSIÓN y no va a ser necesaria la hipocresía de alarmarnos, luego, y rasgarnos las vestiduras en busca de su remedio.

(foto tomada de la web)




Cuando menosprecio o me BURLO de algo, pongo en evidencia mi MIEDO que, esencialmente, es IGNORANCIA. Temo porque desconozco y porque, por miedo, desconozco eso distinto, me vuelvo distante. Un círculo insano que se prolonga a perpetuidad.

APERTURA permite CONOCER.
CONOCER, para COMPRENDER.
COMPRENDER, para AMAR.

(foto tomada de la web)




Andar a consciencia el Camino Común entraña sorpresas. A cada paso dado, algo se suelta, algo se recupera, algo se gana.
Bajo la luz del Sol que ilumina y guía hacia el encuentro impostergable de almas, cinco mujeres se reconocen, se estrechan en un abrazo genuino y pulsan al unísono junto al corazón de la Pachamama.

Al los guardianes del Sur, del Este, del Norte y del Oeste, a la amada Madre Tierra, al Padre Cielo, al Universo todo ensamblando la sinfonía... ¡¡GRACIAS!!




Trascender el apego, pues "nada es para siempre".

Aún la magnífica arquitectura de una oruga, un día, sucumbe ante el devenir impostergable de la mariposa...




Te invito...

a LLEVAR la MIRADA a lo PEQUEÑO, a lo minúsculo y, por eso, relegado, desestimado, olvidado por nuestra distraída atención...

a PERDER las PRISAS y ENSAYAR OTRAS PERSPECTIVAS para REENCONTRARNOS con el CURSO VITAL de la NATURALEZA y DESCUBRIR, en su SENO, la INAGOTABLE RIQUEZA de los INFINITOS TESOROS de la CREACIÓN.




Para recuperar altura, es necesario alivianar el equipaje, liberarnos de ese peso extra que representan todas aquellas maletas innecesarias que cargamos, en ocasiones, por cumplimiento de históricos mandatos hechos carne; otras veces, por miedos; también, por costumbre o porque nos son funcionales como bastones mentales y emocionales o por... (la lista es larga...).

El vuelo decae cuando el lastre pesa suficientemente como para vencer el impulso de las alas.

Soltar...se.




Si me abrazo, lo abrazo TODO.

Ojalá que encontremos hoy un modo todavía más amoroso y creativo de expresar el Espíritu que anida en nosotros, a la luz de una consciencia cada vez más plena.




Te invito a cerrar amablemente los ojos por un momento, a tomar un par de respiraciones suaves y profundas... exhalando lento... y, ahora, con la mente calma, elegir un propósito simple, ponerlo en una sola palabra y darle voz para que en vos resuene.

Allí donde repara la atención, hacia allí se dirige la energía de nuestra consciencia a materializar la realidad invocada.

Que la sabiduría madure tu elección.

(foto tomada de la web)







"AMANECER A UN NUEVO DÍA" es el próximo paso de la humanidad. Esta tarea nos encuentra, "aquí y ahora", con un pie en el suelo y otro en el aire, en pleno desequilibrio. No hay otro modo de avanzar.

(foto tomada de la web)




EVOLUCIONAR requiere...
...DAR UN PASO HACIA EL ABISMO DE LO DESCONOCIDO.

Sólo así es posible...
... "EXPLORAR LA FRONTERA ÚLTIMA de NUESTRA PERCEPCIÓN de la REALIDAD".




"Mamarracho" es una palabra acuñada para definir el concepto de "algo que no se ajusta a los cánones ni convenciones establecidos". Por lo tanto, ese "algo" se convierte en "mamarracho" desde la "perspectiva de un sistema de valores y juicios" de quien así lo ve y nombra.

EL ACTO CREATIVO QUE ES LA MANIFESTACIÓN DEL SER QUE SOMOS EXCEDE ABSOLUTAMENTE CUALQUIER CONCEPTO y queda más allá de cualquier juicio de valor.

"Sólo Con El CORAZÓN Se Puede Ver Bien...
LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS"

(imagen tomada de la web)




Serenar la mente para que se apacigüe la verborragia que confunde y dispersa, anega y debilita nuestra interioridad, alejándonos del centro donde reside la Verdad, el punto de contacto con nuestra Alma. Solo así será posible volver a sentir el latir de nuestro corazón.

Que el Silencio sea, en todo momento, tu principal compañía.


("El rostro de la paz", acrílico del artista plástico Orlando Roque Santos. Imagen tomada de la web)




Paseaba, hace de esto, ya, algunos cuantos crepúsculos, por una de las tantas calles céntricas de Rosario, a pocas cuadras de alcanzar los estribos del Paraná.
La noche iba entornándole los párpados a una jornada densa y agobiante que había traído consigo calores a destiempo para aquel temprano mes de agosto. Por doquier, quien no iba, volvía de sus últimos ajetreos del día, en un deambular de rutinas: el músculo y la mente, todavía activos; la consciencia, adormecida…

A cierta distancia, por delante de mí, de pie en la puerta de un comercio de pastas caseras, una joven cargada de bolsos con compras hablaba por celular, mientras un nene como de 4 años de edad que, supuse, sería su hijo se enmarañaba entre sus piernas, aburrido de esperarla.
Se les aproximaban otras dos muchachas portando un cochecito con un bebé, sumidas, ellas, en una conversación que las traía entretenidas y risueñas.
En tanto ocurrían los devaneos de una y otras, tuvo lugar un milagro que no pasó desapercibido a mi mirada y corazón. El niño, que observaba atento el entorno, completamente “presente en su momento”, reparó, de pronto, en el carrito que se acercaba y, sin titubeos, movido por algún resorte bien distinto y distante de los condicionamientos aprendidos, casi de un salto, se le abalanzó y, en un gesto de espontánea fraternidad, se detuvo justo ante el tripulante de abordo: su carita, resplandeciente; su aire, exaltado; chispeantes, esos embelesados ojos enormes… Alineadas, las miradas, se sostuvieron en el más sereno, puro e imperturbable silencio por un tiempo sin medida. Y, en contemplación, pude sentir rasgarse el velo de las triviales apariencias que alimenta y sostiene este mundo superfluo y, por tal bendita brecha, irradiar su Luz el Espíritu, en ese instante sagrado.
Las mujeres fueron complacientes (¡¡gracias, por eso!!) y, pausando brevemente sus quehaceres, facilitaron con amabilidad tan preciosa 𝘙𝘌unión, un 𝘙𝘌encuentro entre “presuntos desconocidos” que prescindió absolutamente de innecesarias razones de ser, una oportunidad para el Alma Humana, empapada de Niñez, de 𝘙𝘌conocerse a Sí Misma y 𝘙𝘌conectarse desde la “gigante envergadura” de esos corazoncitos pulsantes y tibios, sensibles y dóciles al íntimo y profundo llamado de lo divino.

Conmovida, pasé junto a la escena, dejé a su vera una sonrisa agradecida por la vivencia reveladora y seguí camino, atesorando la experiencia.
A cada paso que daba, reverberaba en mi conciencia… “Y o  
s o y  
o t r o  t ú”.

(imagen tomada de la web)




¿Hacia dónde vamos?

Este mundo ajetreado, donde “el hacer” y “el tener” cobran, a cada instante, mayor relevancia y protagonismo, nos instala, cada vez más y más, en una carrera frenética que nos deja tambaleando al filo del abismo de la propia insatisfacción esencial. Atento a intereses mezquinos y triviales, insiste en imponernos la frivolidad de un estilo de vida superviviente y carente de lo primordial.
Basta con que advirtamos la situación para decidir dar un paso al costado e interrumpir esta inercia enfermiza que nos arrea inexorablemente al precipicio. Cerrando los ojos para aquietar la mente con una respiración pausada, vamos profundo hacia dentro y, en el más completo silencio, volvemos a sentirnos vivos con cada pulso de nuestro corazón, experimentando el sosiego de una paz imperturbable al reconocernos, intuitivamente, seres trascendentes. Regresando de esta vivencia, ya no es posible seguir siendo el mismo y, desde una sensibilidad recuperada, proyectamos una perspectiva depurada de la existencia que, ahora, se revela ante nosotros sustancial y coherente. Tomar la determinación de emprender esta poderosa travesía íntima implica, en la experiencia vital de todo humano, una diferencia fundamental y, por eso, un salto cualitativo.
(…)

(contratapa del libro “Donde cantan los Ecos”, de Marcela Guelfi)


El ritmo de vida enajenante, con sus constantes presiones y exigencias, impuesto por el sistema imperante, repercute en la indivisible unidad de conciencia bio-psico-espiritual que somos, desencadenando altos porcentajes de tensión mental y emocional que han de activar en nuestra química corporal una cascada de sustancias nocivas, originándose, tarde o temprano, una disfunción, un síntoma o una enfermedad.
Aparejado a esta circunstancia, retroalimentando esta realidad, la pérdida de un sentido de trascendencia que ubique y dé coherencia al rumbo de nuestro día a día nos sumerge más o menos profundamente en crónicos estados depresivos que traen angustia, miedo, dolor, desesperanza, desánimo y apatía, perpetuando, así, el círculo autodestructivo del cual, sentimos, no podremos liberarnos jamás.

Ante este panorama, lo que cabe es desacelerar, aquietarnos y despejar el ruido mental que nos impide entrar en contacto con el impulso vital que palpita en cada criatura, “el Ser que somos”. Apuntando a ello, las técnicas de relajación profunda y meditación vienen a abrir una brecha hacia la reintegración de nuestra individualidad al facilitarnos la reconexión con nuestra Esencia.
Sustentadas en el “enlace mente-cuerpo” antes mencionado, estas prácticas actúan a nivel del eje “psique sistema nervioso sistema inmunológico sistema endócrino” que conecta mente/emociones y cuerpo y de cuyo equilibrio depende el alcanzar y sostener o el perder el estado de salud. Cada pensamiento que tenemos, sea voluntario o automático, genera en nosotros emociones que estimulan, a nivel electroquímico, la secreción de sustancias (neuropéptidos, neurotransmisores y hormonas) que provocan modificaciones en la actividad de nuestros órganos. Si el impacto experimentado es negativo, nuestro cuerpo reacciona poniéndose en “estado de alerta-supervivencia”, perturbándose el funcionamiento de los mecanismos corporales como, por ejemplo, el ritmo cardíaco y la frecuencia respiratoria. En cambio, cuando el evento vivido es agradable y placentero, estas mismas funciones se ven jerarquizadas, promoviéndose un estado general de bienestar. Por lo expuesto, cabe acotar que el sistema inmunológico ha de responder a estas pautas mental- emocionales ya sea deprimiéndose o sobrestimulándose, con lo que bajará su nivel de defensas o creará enfermedades autoinmunes, o bien optimizándose, desarrollando un funcionamiento adecuado u óptimo.

La práctica de técnicas como la relajación profunda y la meditación permite calmarnos y entrar en un punto de sosiego, verificándose una serie de beneficios, en principio, en los aspectos fisiológico y psicológico. Por ejemplo, en un espacio tranquilo, con una música apropiadamente suave, en posición confortable, mayormente echados sobre sus espaldas y con los ojos cerrados, el control consciente y atento del acto respiratorio que el facilitador induce lenta y cuidadosamente en los practicantes a través de la guía verbal, es la clave que los introduce en un estado de progresiva serenidad. Poco a poco, las ondas cerebrales comienzan a estabilizarse, pasando de la frecuencia beta (correspondiente al estado de vigilia, alerta, estrés) a alfa (estado de relajación lúcida, calma, no pensamiento, creatividad e intuición). Distendida la mente, alejada de cualquier estímulo que pueda convertirse en fuente de perturbación, los efectos positivos sobrevienen como consecuencia lógica, esto es, sin ningún tipo de esfuerzo, sucediendo espontáneamente la autorregulación.

La regularidad y constancia en el tiempo de estas prácticas deviene en saludables hábitos actitudinales que, rápidamente, se constituyen en una herramienta sumamente eficaz e inmediata en el control de las diversas circunstancias del diario vivir, permitiendo a las personas acceder a una apropiada autogestión de sus pensamientos y emociones, estimulando la capacidad de proporcionarse experiencias placenteras y conducentes a un sentimiento integrado de plenitud y bienestar.

El único peligro posible que atente contra nuestra integridad yace "puertas adentro" y la Llave Maestra que nos libere de tal tiranía, también.


(foto tomada de la web)










La SALUD es el NATURAL ESTADO de INTEGRIDAD y PLENITUD, el EXQUISITO EQUILIBRIO DINÁMICO que sobreviene gracias a la CAPACIDAD de AUTORREGULACIÓN que poseemos como organismos vivos que somos. Por esto, es, al 100 %, de AUTOINCUMBENCIA y un “ACTO INTRANSFERIBLE” que REQUIERE, de cada quien, una TOMA de AUTORESPONSABILIDAD por los propios HÁBITOS DE VIDA, por aquello con lo que nos NUTRIMOS orgánica, mental y emocionalmente.

Al respecto y en virtud de un virus, de nada sirve que nos inoculen con el preparado que fuere si, en tanto, seguimos sosteniendo, a diario, CONDUCTAS TÓXICAS, PERNICIOSAS, DECADENTES, que atentan contra nuestra coherencia interna, mientras van “MATÁNDONOS EN CUOTAS Y A FUEGO LENTO”: ESO que consumimos y nos envenena, ESO que pensamos y nos denigra, ESO que sentimos y nos frustra, nos atemoriza y anestesia, haciéndonos perder de vista el propósito trascendente de la existencia.

NADA HAY que PUEDA SUPLIR el “ORDEN NATURAL”, NADA, ni siquiera una vacuna, que no es más que un paliativo. Es imprescindible tener esto en cuenta. Recibirla y, tras hacerlo, ufanarse pensando haber vencido al “demonio tan temido” es, como poco, una ostentación de necedad, de comodidad, un no querer ver más que lo que ciertos intereses creados nos muestran, un atarnos al autoengaño, un hacer “la gran avestruz”, escondiendo, por enésima vez, la cabeza…

Como corolario, dejo aquí esta sentencia popular, actualizada según mi perspectiva:
“no hay mal que dure cien años ni INCONSCIENCIA que lo resista”.

(imagen tomada de la web)




Sentada en el suelo, junto al ventanal, me deleitaba observando un espectáculo ponderoso que me elevaba sin prisas a la excelsa frecuencia de la Creación.
Así sumida, prolongué varios segundos más la contemplación del atardecer, allá lejos, tras los tejados, entre las ramas despojadas de los árboles, en medio de un cielo increíblemente aturquesado. Y, en lo alto, coronaban unas nubes majestuosas, matizando tan exquisitamente el conjunto que se hubiese dicho, sin dudas, que habían sido esbozadas por la mano de una diosa.

En este estado introspectivo fue que cerré mis ojos y, espontáneamente, vi lo que, a continuación, relato: … eran dos "neuronas" doradas y resplandecientes, conectadas, desde sus axones, sobre un fondo negro. La que ocupaba el centro del cuadro era un poco más grande que la segunda, ubicada por encima de esta y algo a su izquierda, rodeadas ambas de un fino entramado de hilos de luz áurea, la misma que destellaban estos cuerpos estrellados. El entendimiento de lo que vivenciaba era inherente al evento, de modo que "sabía" que la que nucleaba era “el corazón” y la otra, “la razón”. Esta última operaba en función de la primera y las dos, solidariamente conectadas, se intercomunicaban y consustanciaban, se retroalimentaban pulsando al unísono, refulgentes, mientras el luminoso flujo circulaba hacia todo el sistema por ese puente establecido y por la delicada urdimbre de cordones y filamentos que las rodeaba.
Me di cuenta de que estaba teniendo una experiencia reveladora y vivificante. Completamente imbuida, continué presenciando la escena viviente, palpitante, hasta que, al fin y de manera natural, fue desvaneciéndose.

La analogía se presenta clara y el simbolismo que entraña, aún en un nivel intuitivo, se deja comprender fácilmente: al forjarse la “unidad razón-corazón”, estos dos componentes se sintonizan e integran para funcionar inteligente y sensiblemente, estableciéndose un saludable diálogo interno, una cooperación que nos pone en estado de coherencia que ha de manifestarse en nuestro quehacer cotidiano, en pos de alcanzar una vida de interacciones consciente y plena.
En cambio, cuando la mente se halla secuestrada por recuerdos dolorosos del pasado, por condicionamientos y creencias limitantes, entonces, la razón reclama la supremacía sobre el corazón, se vuelve anárquica y se impone, impidiendo el vínculo, estancándose, en consecuencia, el fluir de la consciencia de ser que irriga y nutre. Ocurre, pues, que esa expresión unificada que es la sagrada comunión entre estas dos instancias se malogra, quedando divididos en nosotros mismos, divorciados, fragmentados…

Lograr identificar este estado de cosas nos permite revisar aquellas pautas conductuales obsoletas que operan en nuestra individualidad, entender sus causas y amarlas para sanar la historia personal, liberándonos de tales ataduras. Solo así, reactivar la conexión empática entre nuestro centro cordial y el intelecto se vuelve una realidad.

Permanecí unos instantes más, en silencio y gratitud, aquilatando la enseñanza, inmersa en mi sentir más íntimo. Tomé un respiro hondo y pausado y, en profunda calma, devolví lentamente la mirada al afuera. Tras los cristales, los últimos resplandores del ocaso iban sembrando la noche…




𝗦𝗘𝗥 𝗛𝗨𝗠𝗔𝗡𝗢
𝗟𝗮 𝘁𝗿𝗮𝘃𝗲𝘀í𝗮 𝗱𝗲𝘀𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗶𝗹𝘂𝘀𝗶ó𝗻 𝗮𝗹 𝗶𝗻𝘀𝘁𝗮𝗻𝘁𝗲 𝘀𝗮𝗻𝘁𝗼

𝘕𝘰𝘤𝘩𝘦 𝘥𝘦 𝘱𝘢𝘻. 𝘕𝘰𝘤𝘩𝘦 𝘥𝘦 𝘢𝘮𝘰𝘳...

… Sin embargo, el verdadero fundamento de estas fiestas que se avecinan, tan í𝘯𝘵𝘪𝘮𝘰 y 𝘴𝘶𝘴𝘵𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢𝘭 como es, queda completamente desdibujado, ignorado, colgando de una hilacha sobre el abismo que abren las mil pretensiones fútiles del mundo. Que dónde será la reunión, que cuál será el menú a preparar, que quién se encargará de comprar qué regalos para los invitados; que el pedido en la carnicería, el turno en el horno de la panadería, el cálculo de las bebidas (“¡compremos de más, no vaya a ser cosa que falte!”), que el atuendo de moda para dar que hablar a la concurrencia, que la música para aturdir la velada, que pitos y flautas… Todas estas y tantas otras veleidades puestas por delante, pasan a convertirse en “el motivo sustituto” del encuentro. Completan esta decadente estampa costumbrista los roces más o menos discretos entre cuñadas, las peleas por fronteras, los enconos ideológicos por “el” partido político, “el” cuadro de fútbol y, desde luego, la loca carrera por devorar los suculentos manjares a tiempo, de modo de cumplir con las consabidas convenciones del caso que demandan esperar las 12 campanadas ya con el dedo en el corcho, “como corresponde”, listas las copas para la próxima tanda embriagadora de la noche. Y sigue así el corso hasta que, en el correr de las horas, el entusiasmo decae, los alientos se van agotando, los vahos del alcohol se suben definitivamente a la cabeza y la modorra gana por cansancio. Cada carancho, a su rancho, a hundir en la almohada el acallado desencanto de seguir perdurando en la dimensión de la cenicienta inconsciencia que nos ha distraído, una vez más, de lo trascendental.

No obstante, cualquier momento podría devenir en la ocasión perfecta para dar un giro imprevisto a los históricos condicionamientos de nuestro piloto automático y, precisamente, es por eso por lo que curso a quien sienta que puede necesitarlo esta invitación:

… 𝘥𝘦𝘵𝘦𝘯𝘦𝘵𝘦, 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘰 𝘢𝘩𝘰𝘳𝘢, 𝘫𝘶𝘴𝘵𝘰 𝘢𝘩í 𝘥𝘰𝘯𝘥𝘦 𝘦𝘴𝘵á𝘴, 𝘴𝘪𝘯 𝘱𝘳𝘦𝘵𝘦𝘹𝘵𝘰𝘴. 𝘊𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘵𝘦, 𝘴𝘰𝘭𝘵á 𝘩𝘢𝘴𝘵𝘢 𝘦𝘭 ú𝘭𝘵𝘪𝘮𝘰 𝘩á𝘭𝘪𝘵𝘰, 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘯𝘦𝘵𝘦 𝘶𝘯𝘰𝘴 𝘴𝘦𝘨𝘶𝘯𝘥𝘰𝘴 𝘺 𝘢𝘣𝘳í 𝘵𝘶𝘴 𝘧𝘰𝘴𝘢𝘴 𝘯𝘢𝘴𝘢𝘭𝘦𝘴 𝘢 𝘱𝘭𝘦𝘯𝘰, 𝘦𝘯𝘴𝘢𝘯𝘤𝘩𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘵𝘶𝘴 𝘧𝘶𝘦𝘭𝘭𝘦𝘴 𝘱𝘢𝘳𝘢 𝘵𝘰𝘮𝘢𝘳 𝘵𝘰𝘥𝘰 𝘦𝘭 𝘢𝘪𝘳𝘦, 𝘛𝘖𝘋𝘖 𝘦𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘱𝘶𝘦𝘥𝘢𝘴, 𝘤𝘰𝘯 𝘢𝘯𝘴𝘪𝘢𝘴, 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘴𝘪 𝘧𝘶𝘦𝘳𝘢 𝘵𝘶 𝘗𝘙𝘐𝘔𝘌𝘙 𝘙𝘌𝘚𝘗𝘐𝘙𝘖, 𝘦𝘭 𝘲𝘶𝘦 𝘥𝘢𝘴 𝘷𝘰𝘭𝘶𝘯𝘵𝘢𝘳𝘪𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘙𝘌𝘕𝘈𝘊𝘐𝘌𝘕𝘋𝘖 𝘢 𝘶𝘯𝘢 𝘕𝘜𝘌𝘝𝘈 𝘝𝘐𝘋𝘈. 𝘠, 𝘮𝘪𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢𝘴 𝘦𝘭 𝘪𝘯𝘩𝘢𝘭𝘢𝘳 𝘺 𝘦𝘹𝘩𝘢𝘭𝘢𝘳 𝘤𝘰𝘮𝘪𝘦𝘯𝘻𝘢𝘯 𝘢 𝘰𝘤𝘶𝘳𝘳𝘪𝘳 𝘦𝘴𝘱𝘰𝘯𝘵á𝘯𝘦𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘤𝘰𝘮𝘰 𝘦𝘭 𝘰𝘭𝘦𝘢𝘫𝘦 𝘮𝘢𝘯𝘴𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘮𝘢𝘳, 𝘱𝘦𝘳𝘮𝘢𝘯𝘦𝘤é 𝘤𝘰𝘯𝘵𝘦𝘮𝘱𝘭á𝘯𝘥𝘰𝘵𝘦 í𝘯𝘵𝘪𝘮𝘢𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦, 𝘳𝘦𝘤𝘰𝘯𝘦𝘤𝘵𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘤𝘰𝘯 𝘦𝘭 𝘭𝘢𝘵𝘪𝘥𝘰 𝘷𝘪𝘵𝘢𝘭 𝘥𝘦 𝘵𝘶 𝘤𝘰𝘳𝘢𝘻ó𝘯 𝘱𝘶𝘭𝘴𝘢𝘯𝘵𝘦. 𝘈𝘲𝘶𝘪𝘦𝘵𝘢𝘥𝘰, 𝘴𝘦𝘳𝘦𝘯𝘰, 𝘪𝘯𝘮𝘦𝘳𝘴𝘰 𝘦𝘯 𝘦𝘭 𝘴𝘦𝘯𝘰 𝘮𝘪𝘴𝘮𝘰 𝘥𝘦𝘭 𝘴𝘪𝘭𝘦𝘯𝘤𝘪𝘰, 𝘴𝘪𝘯𝘵𝘰𝘯𝘪𝘻á 𝘤𝘰𝘯 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘦𝘹𝘱𝘳𝘦𝘴𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘷𝘪𝘥𝘢 𝘢 𝘵𝘶 𝘢𝘭𝘳𝘦𝘥𝘦𝘥𝘰𝘳, 𝘤𝘰𝘯 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘤𝘳𝘪𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢, 𝘤𝘰𝘯 𝘤𝘢𝘥𝘢 𝘤𝘪𝘳𝘤𝘶𝘯𝘴𝘵𝘢𝘯𝘤𝘪𝘢, 𝘤𝘰𝘯 𝘭𝘢 𝘦𝘹𝘪𝘴𝘵𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘮𝘪𝘴𝘮𝘢, 𝙝𝙖𝙗𝙞𝙩á 𝙩𝙪 𝙞𝙣𝙨𝙩𝙖𝙣𝙩𝙚 𝙨𝙖𝙣𝙩𝙤. 𝘌𝘯𝘵𝘰𝘯𝘤𝘦𝘴, 𝘤𝘶𝘢𝘯𝘥𝘰 𝘭𝘰 𝘥𝘪𝘴𝘱𝘰𝘯𝘨𝘢𝘴, 𝘳𝘦𝘨𝘳𝘦𝘴á 𝘢𝘮𝘢𝘣𝘭𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘢 𝘢𝘵𝘦𝘯𝘤𝘪ó𝘯 𝘢 𝘵𝘶 𝘤𝘶𝘦𝘳𝘱𝘰, 𝘢𝘭 𝘦𝘯𝘵𝘰𝘳𝘯𝘰, 𝘢 𝘵𝘶 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘦𝘯𝘵𝘦, 𝘢𝘣𝘳í 𝘴𝘶𝘢𝘷𝘦𝘮𝘦𝘯𝘵𝘦 𝘭𝘰𝘴 𝘰𝘫𝘰𝘴, 𝘴𝘰𝘴𝘵𝘦𝘯é 𝘭𝘢 𝘤𝘢𝘭𝘮𝘢, 𝘪𝘳𝘳𝘢𝘥𝘪á 𝘭𝘢 𝘨𝘳𝘢𝘵𝘪𝘵𝘶𝘥.

Este es el estado desde el que se alcanza la 𝘤𝘰𝘯𝘴𝘤𝘪𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘤𝘳í𝘴𝘵𝘪𝘤𝘢, la 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘳𝘦𝘯𝘴𝘪ó𝘯 𝘥𝘦 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘢 𝘯𝘢𝘵𝘶𝘳𝘢𝘭𝘦𝘻𝘢 𝘥𝘪𝘷𝘪𝘯𝘢, 𝘢𝘮𝘰𝘳𝘰𝘴𝘢, 𝘤𝘰𝘮𝘱𝘢𝘴𝘪𝘷𝘢, el punto de inflexión a partir del cual dejamos atrás creencias limitantes para 𝘢𝘴𝘶𝘮𝘪𝘳 𝘭𝘢 𝘭𝘪𝘣𝘦𝘳𝘵𝘢𝘥 𝘪𝘯𝘩𝘦𝘳𝘦𝘯𝘵𝘦 que nos cabe por 𝘚𝘌𝘙 𝘲𝘶𝘪𝘦𝘯𝘦𝘴 𝘚𝘖𝘔𝘖𝘚.

Desde una í𝘯𝘵𝘪𝘮𝘢 𝘺 𝘤𝘳𝘶𝘤𝘪𝘢𝘭 𝘛𝘖𝘔𝘈 𝘥𝘦 𝘊𝘖𝘕𝘚𝘊𝘐𝘌𝘕𝘊𝘐𝘈, el disolver la burbuja que nos mantiene olvidados del 𝘴𝘦𝘯𝘵𝘪𝘥𝘰 𝘦𝘹𝘤𝘦𝘭𝘴𝘰 𝘺 𝘱𝘳𝘰𝘧𝘶𝘯𝘥𝘰 𝘲𝘶𝘦 𝘦𝘯𝘵𝘳𝘢ñ𝘢 𝘭𝘢 𝘝𝘪𝘥𝘢 y de 𝘯𝘶𝘦𝘴𝘵𝘳𝘰 𝘱𝘢𝘱𝘦𝘭 𝘦𝘯 𝘦𝘴𝘢 𝘌𝘹𝘲𝘶𝘪𝘴𝘪𝘵𝘢 𝘚𝘪𝘯𝘧𝘰𝘯í𝘢, 𝘥𝘦 𝘦𝘴𝘰 𝘴𝘦 𝘵𝘳𝘢𝘵𝘢 𝘭𝘢 𝘦𝘹𝘱𝘦𝘳𝘪𝘦𝘯𝘤𝘪𝘢 𝘩𝘶𝘮𝘢𝘯𝘢: 𝙙𝙚𝙨𝙥𝙚𝙧𝙩𝙖𝙧 𝙙𝙚𝙡 𝙚𝙣𝙨𝙪𝙚ñ𝙤 𝙙𝙚 𝙡𝙖 𝙨𝙚𝙥𝙖𝙧𝙖𝙘𝙞ó𝙣, 𝙧𝙚𝙘𝙤𝙧𝙙𝙖𝙧 𝙡𝙤 𝙚𝙨𝙚𝙣𝙘𝙞𝙖𝙡 𝙮 𝙜𝙖𝙣𝙖𝙧 𝙘𝙤𝙧𝙙𝙪𝙧𝙖 𝙥𝙖𝙧𝙖 𝙚𝙣𝙘𝙖𝙢𝙞𝙣𝙖𝙧 𝙙𝙚𝙘𝙞𝙙𝙞𝙙𝙖𝙢𝙚𝙣𝙩𝙚 𝙣𝙪𝙚𝙨𝙩𝙧𝙤 𝙧𝙪𝙢𝙗𝙤 𝙥𝙤𝙧 𝙚𝙡 𝙍𝙚𝙘𝙩𝙤 𝙎𝙚𝙣𝙙𝙚𝙧𝙤, 𝙚𝙡 𝙦𝙪𝙚 𝙨𝙚 𝙖𝙡𝙞𝙣𝙚𝙖 𝙘𝙤𝙣 𝙡𝙖 𝙑𝙚𝙧𝙙𝙖𝙙 𝙙𝙚𝙡 𝙀𝙨𝙥í𝙧𝙞𝙩𝙪, 𝙚𝙡 𝙦𝙪𝙚 𝙝𝙖 𝙙𝙚 𝙙𝙚𝙫𝙤𝙡𝙫𝙚𝙧𝙣𝙤𝙨 í𝙣𝙩𝙚𝙜𝙧𝙤𝙨 𝙮 𝙚𝙫𝙤𝙡𝙪𝙘𝙞𝙤𝙣𝙖𝙙𝙤𝙨 𝙖𝙡 𝙃𝙤𝙜𝙖𝙧.


(imagen tomada de la Web)




El cielo interno necesita llover tanto como lo necesita el cielo atmosférico. Las lágrimas descargan, depuran, despejan la marejada anímica y facilitan, ya con el azul descubierto, el ponerse en la tarea de echar una mirada profunda en busca de aquello que originó los oscuros nubarrones.

Más de una vez (muchas más), ocurre que, en la quietud, en la calma posterior a las tormentas, da uno con tales razones, escondidas como se encuentran en obsoletos rincones anquilosados de nuestra historia personal, durmiendo, anestesiadas, sobre polvorientas estanterías desatendidas y olvidadas. Traer esas antiguas causas a la luz a partir de una toma de conciencia, ponerlas afuera nos otorga perspectiva y, en la distancia emocional y mental, la redimensión de la situación ocurre de un modo espontáneo y natural.

Concedernos el llanto es permitirnos crecer acompañando nuestros propios procesos, volviéndonos, así, compasivos y amorosos con nuestro "único tripulante" a bordo de la "Nave".





Sentenciar a otros a partir de una escala de valores que siempre es propia y subjetiva y que está elaborada con el conjunto de todas nuestras creencias, prejuicios, experiencias personales, condicionamientos culturales, etc., es una conducta que nos vuelve parciales, acotados en nuestra capacidad de percibir la realidad y de interactuar con los otros, nos obnubila y enceguece, en vez de traer claridad y comprensión a nosotros.

Ante una ofensa, un acto de violencia, poniendo un caso extremo, lo que cabe es "la acción correcta", esa que resuelve y trae alivio sin lastimar ni vituperar.
Detrás de cada humano, hay una historia de vida que merece ser escuchada, comenzando por la nuestra.

(foto tomada de la web)




Cuando se vive en la consciencia de Ser, las apariencias del mundo externo se vuelven translúcidas y se puede ver el sentido profundo detrás de todo, a través de ellas.

Así como el Sol disipa hasta la más abigarrada de las brumas, de igual modo despeja los condicionamientos de nuestra mirada la Luz esclarecedora de la Consciencia.

(foto tomada de la web)




Había amanecido un día agradablemente cálido y luminoso. Esa mañana, decidí trabajar en casa, entre los árboles, sacando las ramas secas que habían ido cayendo bien por acción de los fuertes vientos, durante los fríos meses de invierno que ya comenzaban a desvanecerse, bien, simplemente, por fin de ciclos. Es una tarea agotadora, pero no menos gratificante. Cuando hubo hambre, tomé un almuerzo ligero bajo la sombra vegetal y, después, al sol, a recibir su caricia de vida...

Me senté, sin pretenderlo, junto a un gran cardo que se veía pletórico y rebosante de verdes gracias a las últimas lluvias ocurridas días atrás. En contraste, se advertían claramente sus púas lechosas, turgentes. Vino a mi recuerdo el dolor incisivo que sentí relampagueando en mi cuerpo, en ciertas ocasiones en que había padecido esos piquetes. Me quedé mirándolo un momento, en silencio, y, de pronto, con mi mano movida por voluntad, comencé a acercarme y a acariciar suavemente una de sus hojas. Recorrí lento cada una de sus agudas agujas, casi explorando sensaciones, percibiendo su aspereza, con delicadeza... muy suave... sutilmente... De pronto, me di cuenta que no había ocurrido el dolor, no había heridas ni daños colaterales ni pinchazos ni nada de eso; sólo, un universo vuelto enriquecedora experiencia.
A partir de semejante vivencia, fue claro para mí comprender que no son las espinas las causantes del infortunio, sino nuestro abordaje distraído, invasivo, poco amoroso y desprovisto de consciencia, el que nos pone en estado de crisis.
Luego, como con el cardo... con todo, con todos.

Así, permanecí un tiempo indefinido sosteniendo el contacto, anclando el aprendizaje, agradeciendo la revelación íntima, sintiendo…


(foto tomada de la web)




En un día gris, los colores no se pierden.Uno se pierde de los colores en un día gris...

De poco sirve soñar con fantásticas y distantes realidades si, en tanto, se nos pasa desapercibida la magia en lo pequeño, el encantador misterio de lo minúsculo y próximo que nos acerca cada momento.




Iba pasando junto a una puerta entreabierta, por el largo corredor.
De pronto, sin saber por qué, me encontré volviendo sobre mis pasos, camino a su cama de sábanas blancas, almidonadas con el apresto del dolor y la impotencia. Cuando estuve a su lado, apoyé mi mano sobre su pierna y le sonreí amablemente, mientras me oía decirle(me)...

"Soltar...
Aquello con lo que no podemos hoy, soltar. Es eso: soltar o hundirse con el lastre que pesa.
Soltar en la confianza de que, en el transcurso de nuestro camino personal, la Vida volverá a ofrecernos tantas oportunidades como fueran necesarias para revisar aquel momento, para comprender, para sanar y aquilatar, ahora, a la luz de una mirada renovada.
Soltar... para seguir"

Se aguaron sus ojos verdes y, conmovida, despegó los labios, iluminándose(me) con un "gracias...". No tenía más para decirle, sólo eso que lo era todo.

Retomé el curso de mis pasos.
Salí como había entrado, sin expectativa, la marcha lenta, el rumbo despejado.
Mientras, volvía a mí como una reverberancia, como un oleaje manso a orillas mi playa íntima...

"soltar...".