Seguidores

jueves, 1 de noviembre de 2012

Me gusta andar la vida con los brazos abiertos y una actitud amable. He caminado mucho hasta aquí y he visto cómo la gente se comporta ante un abrazo: hay quienes se paralizan porque "interpretan" una inminente situación de vulnerabilidad que los pondrá en situación de riesgo (riesgo de ser "amados"). Están los que se avergüenzan, pues ven en el acercamiento de los cuerpos una conducta "inmoral", proyección de las creencias adquiridas acerca de que el toque físico es horrible a los ojos de sus dioses. También, aquellos que cargan la lanza al hombro y devuelven el gesto amistoso con certera puntería, directo al blanco, el corazón, de modo que no quepan segundos intentos. Los hay indiferentes, esquivos, ausentes. No faltan los que ponen su cuerpo de lado, sin involucrarse completamente, o los que mienten (y se mienten) y arquean sus brazos, sino que los arquean, ahuecando sus pechos para evitar el roce, sólo marcando la posición por cumplido (a sus carencias). La variedad de respuestas es amplia, tanto como lo es de compleja la mente del hombre y en cualquiera de estos casos se ve, se huele el miedo invaginando el contacto, bloqueando conexiones, clausurando el alma.
Dos corazones se encuentran en la cercanía de un estrujón y el cielo canta loas a la amada experiencia humana.
Me gusta andar la vida con los brazos abiertos y una actitud amable..., apasionada, pero serena, en entrega, pero no subordinada, abierta, afectuosa, dispuesta.
Y a ti te place un abrazo…?