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jueves, 1 de noviembre de 2012

“Mi cielo, mi cielo amado,
tan estrellado,
la vida canta y florece
si es a tu lado”.


La luna entrega fortunas
desde su cuna.
La niña la mira mira
como a ninguna.


La brisa, alborotada,
anda deprisa.
(se le sospechan amores
en su sonrisa)


Las fuentes murmuran bajo,
pero elocuentes;
se huele amor en el aire
tan de repente.


“A nadie cuentes, a nadie,
de mis pasiones.
Sabrás guardar en reserva
mis confesiones:


que un niño de dulces ojos,
gentil figura,
me ha robado un suspiro
con su ternura.


Y, ahora que te lo dije,
ya es certidumbre.
Será amor develado

bajo la lumbre”.